24 abr. 2013

Carta a Vero


Era una fría navidad, ella intentaba abrir un regalo que no le correspondía, su justificación era su bello
rostro que no podía ser castigado.

I

El día comenzaba como cualquier otro, un frío en la ciudad, las personas por las festividades inundaban
las calles con fervor hacia las compras y juntas en sociedad creaban un bello paisaje de diversión,
alegría y compras al puro estilo capitalista, no dejando de lado el espíritu navideño que llenaba cada
compra.

Aquella niña había salido con sus padres a comprar algo para la cena navideña, no querían esperar
hasta el último momento, era un frío 23 de diciembre, rodeado de compras, personas apresuradas por
adquirir productos que necesitaban y otros que solo eran para adornar aquella ambición de celebrar, a
final de cuentas no todo era malo, aquella niña sabía que recibiría muchas cosas en esa fecha.

Regresando a casa ella recordaba mucho su escuela, cuando regresaría tendría que hablar sobre sus
vacaciones y lo que había hecho durante ellas, crear ante todo una fantasía para ser la mejor entre todas
sus compañeras, ella quería los mejores regalos, jugar con ellos y llevarlos a todos lados para así poder
mostrarlos a los demás niños, quería diversión, jugar. Necesitaba alguna forma para poder estar en los
mejores juegos, ser llamada por los demás y tener consigo los mejores recuerdos. Intento crear un plan.

Llegando a casa subió a su habitación, buscando entre sus cosas de la escuela en su mochila sacó una
pequeña libreta, tomó un lápiz y comenzó a escribir lo que hacia ella y quienes la rodeaban, así
comenzaría su diario de vacaciones. Se aproximaba la hora de comer, ella había rodeado la casa,
describiendo en su pequeña libreta los adornos de la casa, lo que veía, "las luces este año brillan más,
tenemos más colores y se ven bonitas", siguiendo a la parte de adentro de la casa se acercó al pino de
comenzaría su diario de vacaciones. Se aproximaba la hora de comer, ella había rodeado la casa,
describiendo en su pequeña libreta los adornos de la casa, lo que veía, "las luces este año brillan más,
tenemos más colores y se ven bonitas", siguiendo a la parte de adentro de la casa se acercó al pino de
navidad, mirándolo de cerca causó la curiosidad de su madre, quien al verla, le causó una tremenda
risa. Ella seguía viendo, observando, casi parecería que se quería comer el pino, ideando como
describirlo en su libreta solo puso "este año el pino me gusta más, además me dejaron poner la
estrella", ella siguió hacia la planta alta de la casa, las escaleras tenían adornos de pingüinos y renos, a
ella sólo le gustaron los renos, los pingüinos no le daban gracia, se le hacían raros, subió hasta llegar a
su habitación, se aventó a su cama y quedó mirando un póster que tenía pegado en el techo.

Hora de la comida, su mamá le grita para que baje a comer, ella con tremenda ansiedad baja corriendo,
se sienta y comienza a comer lo que su mamá le ha servido, de comida era puré de papas acompañado
de una milanesa de pollo. Terminó de comer sin decir ni una palabra durante la comida, haciendo que
su madre se pusiera más curiosa, su padre la vio de reojo sin gran sorpresa, ella dijo gracias y subió a
su habitación.

Llegando la noche ella siendo arropada por su mamá y un buenas noches de su papá se durmió y tan
tranquila que parecería un ángel.

Dulces gigantes, perros paseando y dando las buenas tardes, ella caminando sobre calles en forma de
alfombra, quería ir hacia el regalo más grande, a lo lejos lo miraba sobre los tejados, aquel regalo en
forma inmensa, cubierto por un vistoso papel regalo color morado, el moño blanco y un listón dando
vuelta a todo el regalo, algunas tiras caían sobre la ciudad. Ella caminaba emocionada hacia el regalo,
contenía excitación por saber lo que contenía, manteniendo un rostro tan feliz, alegre y angelical.

Pero... su despertar fue súbito, estaba frente al pino con un regalo en manos, no sabía por qué estaba
ahí, solo sentía esa necesidad de abrir el regalo. Regreso a su habitación, se cubrió con las cobijas y
siguió durmiendo.

II

Era la mañana del 24 de diciembre, tras pasar una noche fría la mañana lo fue también, sus papás no la
despertaron, ella despertó hacia las 11 am, bajo a la cocina y se preparó un tazón de cereal, lo llevo
consigo a la sala en donde se dispuso a ver televisión.

La tarde pasó rápidamente, entre la preparación para la cena, ella jugando, sus padres de un lado a otro
para atender los pendientes para esa noche, llamadas para confirmar asistencia aparecían en el sonar
del teléfono, movimiento en toda la casa, ella estaba aturdida de tantas órdenes.

Había llegado la noche, celebraciones por varios lados de la ciudad, era una noche tranquila, las
personas con regocijo andaban hacia las casas de sus seres queridos, la alegría brotaba de sus
corazones, parecía irreal, de fantasía, pues la situación se veía distinta cuando no eran esas fechas.
corazones, parecía irreal, de fantasía, pues la situación se veía distinta cuando no eran esas fechas.
Subiendo las escaleras recordó que debía preparar sus cosas para la mañana siguiente, corrió hasta su
habitación donde guardo en una lapicera tijeras, lápiz, colores y un saca puntas en forma de conejo
color amarillo. Las puso a un lado de su cama para no olvidar donde puso aquello. Sus padres
apresurados se cambiaron de ropa a algo más formal, ella debía estar también preparada, su madre la
apresuró a bañarse, pues, una vez estando lista debería lucir un vestido hermoso de holanes rosas y
color blanco, unas hombreras en blanco brilloso. Los colores resaltaban más su rostro y formaban un
magnífico cuadro que no pasaría desapercibido ante la familia. Su cabello de rizos había formado un
complemento magnífico, su madre le había hecho una coleta que le recogía la mitad de su cabello
dejando a la vista algunos caireles. Aquellas pequeñas zapatillas en color rosa parecían de muñeca, un
corto tacón sonaba a la par de sus pasos, los cuales eran muchos, corría de un lado a otro luciendo su
vestido, claro, su madre le llamaba la atención pues no quería que se ensuciara aún.

Llegó la noche, los invitados hicieron acto de aparición, eran tíos, tías y los hijos de las parejas, sus
primos.

Ha llegado el momento de la cena, lo cual mientras algunos reían de anécdotas del pasado, los niños
jugaban, las madres de un grito mandaban a traer a todos a la mesa para comer. Sentados a la mesa las
gracias se dieron y algunas palabras de afecto, aunque los platos estaban servidos, la familia había
decidido dar un abrazo a cada integrante, lo niños al mismo tiempo jugando se reunieron para dar un
abrazo de grupo, al mirarlos los adultos rieron y enternecieron de tan bella escena, risas sonaron por
toda la habitación, sonando quizá hasta fuera de la casa. La comida avanzó sin gran emoción, era un
lomo de cerdo cocinado al horno, la madre de la niña lo preparó con cierta salsa para que éste no
quedase reseco, acompañando un puré de papa, ensalada de verduras, ponche de frutas y un delicioso
pastel al fondo de la cocina esperando a ser partido. Satisfechos de tan buena comida el pastel fue
traído, él padre de la niña decidió partirlo, repartieron una rebanada a cada quien, mientras la sorpresa
para los niños fue recibir junto a su rebanada, unos dulces. La alegría en las risas de los niños mientras
seguían jugando causaba tranquilidad en la casa, era un ambiente de temporada, no podría pedirse más.

La media noche llegó tan rápido como el cansancio en los niños, quienes uno a uno fueron cayendo en
sueño, cada padre acomodaba a su hijo en un lugar, alguno en el sofá, otro en una cama inflable,
mientras la niña fue a disfrutar su cama.

III

Encontrada rodeada de cajas de regalo, era maravillada por tantas cajas, era una ciudad de colores, risas
y muchos árboles, se podían ver árboles que daban frutos en forma de cajas de regalo, ella tomó un
fruto con dificultad, estaba en lo alto de una rama, lo primero que hizo fue morder el fruto, tras
masticarlo olfateo su aroma, era dulce, ella sólo había sentido ese aroma en las pelotas que le regalaron
fruto con dificultad, estaba en lo alto de una rama, lo primero que hizo fue morder el fruto, tras
masticarlo olfateo su aroma, era dulce, ella sólo había sentido ese aroma en las pelotas que le regalaron
en su cumpleaños, un delicioso aroma a chicle. Seguía paseando entre las calles, mirando los colores de
los frutos de los árboles, rosa, verde, rojo, amarillo, azul, blanco, naranja. Decidió probar cada uno de
los colores, su sorpresa fue que a diferencia del rosa que había mordido primero, los demás sabían a
distintas frutas. Cariñosamente se acercó y se restregó contra sus piernas, haciendo un ronroneo tan
suave que no podría percibirse a la primera, ella comenzó a acariciar su cabeza, su lomo y finalmente
jugaron. Aquel gato de color marrón acaparo su atención, los colores rodeaban, mas no eran la
atracción en ese momento, el gato de cola pinta y bigotes largos jugaba con la niña, ella reía.

"Despierta", una voz a lo lejos le dijo, era tan lejana, parecía querer llamarla desde un lugar recóndito,
"despierta", repitieron nuevamente, al reaccionar ella recordó la fecha, salió disparada de la cama, sacó
sus pantuflas, se acercó a su lapicera y la tomó al mismo tiempo que salía corriendo. Junto a sus primos
tomó lugar en la sala donde estaba el pino, las luces aún seguían prendidas, no importando la luz del
sol entrando por la ventana. Era obvia la emoción por abrir el regalo. Cada uno de sus primos fue
abriendo su regalo, ella al final se le acercó la caja más grande de todas, las ansias por saber que
contenía eran más de lo que podría aguantar, tomó su lapicera, sacó las tijeras y cuidadosamente abrió
su regalo.

En el interior encontró una hoja blanca doblada, sintiéndose sorprendida de encontrarse con aquello la
tomó y desdoblo, mirando lo que tenía escrito lo leyó, se quedó en shock por un momento y corrió
hacia sus padres, los abrazo y con voz entre cortada les dijo "los quiero".

"Te amamos, con cariño mamá y papa".


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