1 feb. 2013

La princesa indecisa

Ahí estaba, contemplando el agua de la fuente, los niños corrían de un lado a otro, no la molestaban y menos eran algo con lo cual lidiar.

Era el momento, la princesa debía seguir caminando, pues ya era suficiente el descanso, el sol no era molesto bajo esos grandes árboles, la temperatura se adecuaba de alguna forma para no ser molesta, ser la correcta para caminar un momento. La princesa debía avanzar por aquel largo pasillo entre árboles, llegar al final podría tomarse como maldición, mas quizá cueste trabajo entenderlo, pero el encargo de alguna forma parecía ser importante. La princesa mirando aquello que estaba a sus lados al pasar comenzaba a sentirse caminar sobre una alfombra, los sonidos de las hojas en los árboles con aquella corta brisa de aire se convertirán en los aplausos, para finalmente provocar un gesto amable sobre el rostro de esa princesa.

Ella, la princesa, demostraba serlo.

Comenzaba a acercarse a su destino, entre sus dedos traía un folder color azul marino, de esos que no resaltan mucho, el contenido era lo importante. La tarea era sencilla, ir a aquella pequeña oficina al final del pasillo entre árboles, buscar al hombre de lentes con barba pero sin bigotes, entregarle el folder y regresar a sus cosas. Difícil no era y mucho menos complicado, además se podría distraer un momento al salir caminar un poco.

La distancia cada vez era corta, la puerta de color café entre las paredes que rodeaban con aquel blanco atizado por el exterior marcaba el punto final. Acercándose a la puerta se asomó de manera inmediata a buscar a aquel hombre, el rostro de la princesa mantenía una mirada entre cerrada, de búsqueda, sus labios eran presionados un poco para marcar aquel gesto. Lo vio, dio las buenas tardes y con gesto amable le entregó el folder, sin decir mucho, el hombre dio las gracias, no respondió al buenas tardes y continuo con sus labores. La reacción de la princesa fue un "ashh", con gestos apresurados salió de esa pequeña oficina y decidió regresar a su destino.

El pasillo largo entre árboles la adoraba, pareciera que la princesa daba vitalidad a esa naturaleza, a sus pizadas le daban un ritmo al balanceo de las ramas de los árboles, dentro de la cabeza de la princesa comenzaba a sonar una canción para dar un toque a aquello que ocurría a su paso. Una melodía donde la princesa podría mostrar una bella sonrisa, de esas que enamoran, de esas risitas que sólo las princesas tienen. Pero comenzaba a sentir el calor, la princesa debía tomar algo, lo único que venía a su mente era una coca cola fría, de esas para darle más pasos al caminar.

Nuevamente el camino estaba marcado, debía ir a comprar. Los pasos de la princesa eran delicados pero firmes, marcaban un ligero contoneo, parecía algo practicado, mas era natural en la princesa. El cabello de la princesa se movía conforme al viento, le daba más belleza, sus pasos eran marcados por un corto sonido de sus tacones, mas sus manos demostraban un balanceo agradable, a ritmo, existía determinación en su cometido.

Se acercaba cada vez más a un local comercial, la decisión era lo primordial, ¿cuál tamaño de botella escoger?

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