23 ene. 2013

Las pisadas espesas

De donde venía corriendo se escuchaban gritos, aquellos eran de temor, estaban rodeados por un mar rojo, hacia mucho no lamia mis manos así. Ese sabor delicioso, lágrimas con gritos de dolor, un manjar de gustos raros. Entendía mi sentir, entendía mi pesar, jamás comprendí el motivo al escoger esa casa, qué culpa tenían de estar a medio camino de mis deseos estúpidos.

Había entrado sigilosamente, me acercaba despacio, actuaba de forma correcta, sabía ser ya un instinto y no quien era, el primer golpe fue fácil, era un pequeño. Los siguientes fueron más difíciles, me habían escuchado los pasos, era un conjunto entre la risa y la excitación por absorber almas. Segundo golpe acomodado, era tan fácil, mi tamaño provoca miedo, de se miedo que no provoca gritos, ese miedo implantado para no correr, no gritar, no moverse. Era la sombra de un maniático, un desesperado. Reía tan discretamente, no era yo, era mi deseo roto.

El tercer golpe, el mejor, podía hacer un rito mayor, pero pensé en sólo dejar mis ganas de defigurar, no me dolían las manos de golpear, ella desde el comienzo supo su final. Ese rostro encontraba un camino entre mis dedos logrando apartarse se lo que sentía, lo que provocaba.

Regrese por las otras dos almas, las junté en la cocina, reía fácilmente, había logrado asesinar mis temores, encontraba mi ser interno complicado por ver tanto rojo, mi felicidad era otra. No había perdido control, sabía lo que hacia. La diversión no terminaba, comenzaba el mejor juego, provocar asco a quien le tocara recoger mi tiradero.

Dividi en 5 partes las armas, busqué los mejores rincones, comenzaba a repartir en la casa ese olor especial, un olor tan peculiar, delicioso. Se esparcio por toda la casa, no había rincón donde no tuviera intención de mi.

Ahora corría, no sabía si por dolor, por cansancio, quizá tenía sueño y quería dormir, estaba tan feliz, mucho. Era el momento adecuado para mandar un texto diciendo "gracias, yo también te quiero, por eso te he hecho un regalo". Ahora quedaba esperar.

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