17 ene. 2013

De día no existo

Parado frente a una pared, inundado de insultos, lleno de lágrimas, mejillas irritadas, la miseria no era suficiente. Variando un poco las miradas, aquel perro, la señora que mira a un extraño, seguía perdido en los destinos de la melancolía.

¡Muere! -gritaron.

No sabía mi error. Pensando bien, no quería aceptar la culpa.

Me había convertido en un ser raro, irradiaba sonrisas. Las palabras fluyen más rápido, existen en los tiempos y siempre serían recordadas. Había dejado de ser para estorbar. No era necesario. Ya no era lo que debía pasar.

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